Ponerse en camino. Presentarse a la comunidad. Con humildad.
“Llegó entonces Jesús… y se presentó a Juan para que lo bautizara… Soy yo quien debería ser bautizado por ti, ¿ y tú vienes a mí?”. Mt. 3, 13-14
Jesús se pone en la fila de los que anhelaban respuesta a sus preguntas, al igual que otros tantos que acudían en tropel al encuentro del Bautista, para preguntar qué hacer con la vida en el tiempo presente. Buscaban un modo distinto de vivir.
Comunicar experiencias, caminar juntos en fraternidades verdaderas, otros horizontes más creativos y liberadores, otras realidades, otros modos de vivir. La respuesta a sus desangeladas vidas. Ser más verdad, más libres, más cercanos y por tanto mucho más humano.
Preguntarse y responder con una verdad no solo teórica, sino enclavada en medio de nuestras historias personales. Sabiendo que el Camino, la Verdad y la Vida dan sentido necesario a otros posibles hermanos cuyas vidas quedan anuladas por tantos cantos de sirenas que distraen y enajenan al hombre de hoy y de todos los tiempos.
La respuesta es personal, como lo es ponerse en camino, y hacerlo en comunidad. Hay que presentarse en el lugar concreto ante la comunidad. Ella es la que va a cuidarnos, es la que debemos cuidar, en el hoy concreto que necesita ser salvado, redimido. La comunidad es la expresión más plena del misterio de Dios. Junto a los hermanos, preguntarnos, orando, buscando la palabra o el gesto, que dará sentido a todo.
En camino, siempre en camino. Nada de ensoñaciones. La oración nos llevará a materializar la fe, la esperanza y el amor en cada uno de nosotros y en la comunidad. Eso sí, sin destruir a ningún hermano, por más que nos moleste o no comparta.
Es necesario volver a la oración para preguntar y encontrar la respuesta que nos dice si verdaderamente estamos en el lugar apropiado. Confiar.
-----pincha en el título para seguir leyendo----